Page 209 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
Qué verso de Ariosto, encendido con la luz
prodigiosa de los castillos de Armida, se cuajó
ante mi vista en un radioso y único
deslumbramiento?...
Era la pertinaz obsesión de las casas
deprimidas, en las tristes calles atravesadas, la
que por reacción exaltaba los palacios
incendiados y magníficos de aquel lugar de
ensueño?...
Frente a mí tendía su pavimento una avenida
anchurosa cuya pródiga iluminación ofuscaba...
A un lado y otro palacios, moradas regias,
alcázares de varios pisos culminantes, únicos en
todas las metrópolis de este oriente remoto! Y
formando el alma de aquella atmósfera, arpegios
de laúdes y de cítaras que sollozaban a lo lejos y
un aroma almizclado y tibio como el perfume
que se escapa al abrir un invernadero...
Aquello no podía ser un banal mercado de
vicio; quizás era substanciada, la promesa
extraterrestre de Mahomet, el oasis donde las
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